Es una de las respuestas más frecuentes cuando se reclama una deuda: "Ahora mismo no tengo liquidez", "Estamos en un momento muy difícil", "En cuanto podamos te pagamos". El problema es que esta afirmación puede ser completamente cierta… o una estrategia para ganar tiempo.
Saber distinguir entre un deudor con dificultades reales y uno que evita pagar conscientemente es clave para elegir la estrategia correcta.
Cómo verificar si realmente no puede pagar
Aunque no tienes acceso directo a la contabilidad del deudor, hay fuentes públicas y señales que permiten hacerse una idea bastante precisa de su situación:
- Registro Mercantil: puedes consultar las últimas cuentas depositadas, si las hay. Una empresa que no deposita cuentas ya es una señal de alerta.
- BORME (Boletín Oficial del Registro Mercantil): recoge declaraciones de concurso de acreedores, disoluciones y otros procedimientos relevantes.
- Actividad visible: ¿sigue operando? ¿Tiene empleados, local, presencia online activa? Una empresa que dice no tener dinero pero sigue contratando o publicando en redes merece una segunda lectura.
- Otros proveedores: en sectores pequeños, es habitual que varios proveedores estén viviendo la misma situación. La información circula.
- Historial de pagos previos: ¿siempre pagó bien hasta ahora o ya había retrasos anteriores? El patrón importa.
Escenario 1: realmente no puede pagar
Si la situación financiera del deudor es genuinamente crítica, las opciones son:
- Acuerdo de pago aplazado con calendario concreto y firmado. Mejor algo que nada.
- Garantías adicionales: aval personal, reconocimiento de deuda notarial u otras formas de asegurar el crédito.
- Vigilar el concurso: si entra en concurso de acreedores, actuar rápido para comunicar el crédito en plazo.
Escenario 2: puede pagar pero no quiere
Si hay indicios de que la insolvencia alegada no es real, la estrategia cambia:
- Requerimiento formal fehaciente (burofax) con plazo concreto y advertencia de acciones legales.
- Proceso monitorio si hay documentación suficiente: rápido, económico y eficaz cuando el deudor sí tiene patrimonio.
- Embargo preventivo en casos donde hay riesgo de que el deudor oculte o distraiga bienes.
"No tengo dinero" no es una respuesta: es el inicio de una negociación. La clave está en saber desde qué posición negocias.
¿Tu deudor alega no poder pagar y no sabes qué creer? Cuéntame el caso y valoramos juntos qué se puede hacer.